Fidelidad


Eres tuya, no mía; te quiero para ti, no para mí.
Para comprender la fidelidad, debemos eliminar el sentimiento de posesividad y propiedad que las personas tienen hacia quienes creen amar. "Eres mío/a" (mi esposo, mi mujer, mi pareja): esta frase es atroz, abominable, porque los seres humanos somos esencialmente libres. El amor falso se basa en la ilusión de que el otro es SOLO TUYO, un devoto, un idólatra, pero este sentimiento no debería esperarse, y mucho menos pedirse; es algo tan maduro y divino que es el resultado de años de crecimiento y espiritualidad, y pocos lo alcanzan realmente. Cuando no eres libre y dependes infantilmente del afecto ABSOLUTO de otra persona (como un recién nacido de su madre), incluso la mera idea de imaginar a tu pareja con otra persona te enfurece y te hace perder la cabeza... sentir que la persona que lo es todo para ti "PERTENECE" a alguien más hace que tu mundo se derrumbe. Te sientes perdido/a, amenazado/a por alguien que podría ser mejor que tú. Y todo esto porque creemos que el otro es "lo nuestro"

PRIMERO DEBEMOS SER FIEL A NOSOTROS MISMOS
Al principio experimentamos el amor como una dependencia (como el niño que depende de su madre, sin ella se derrumba, se siente PERDIDO), precisamente porque experimentamos las relaciones no en libertad sino en la posesividad del otro: el otro me PERTENECE (todo lo que crea adicción... drogas, alcohol, juego, seres queridos, etc.... es PATOLÓGICO ymuchas veces el falso amor es adicciòn). Cuando alguien se libera de este marco infantil y psicológico de dependencia, lo cual no sucede de repente, sino a lo largo de años de diálogo, crecimiento, crisis y confrontación, entonces si ves que la otra persona es FELIZ, solo puedo alegrarme por ella. Si es feliz con otra persona, la dejamos ir por amor y somos felices siendo nosotros mismos. Desde una perspectiva EGOÍSTA, me sentiría fatal si lo viera a èl con otra persona, pero ya he madurado (el problema no está en la otra mujer sino en mí, que era insegura de mí misma, era una niña, no una mujer, era una niña perdida, no un mujer segura de mi misma). Si tengo baja autoestima, soy INFIEL A MÍ MISMA, pero si estoy segura de mí misma, la pareja no es una comparación en la que me sienta inferior. Estoy libre de esta dependencia, soy independiente de la necesidad absoluta de mi pareja. Así, la fidelidad no depende de la otra persona, sino de mí misma. La otra persona puede traicionarme o abandonarme, pero yo sigo siendo yo misma, fiel no a él o a ella, sino a mí misma. En este caso, no hay sufrimiento (solo duele la separación inicial), uno no se rinde al llanto, a las noches de insomnio y a los días sin comer porque le han traicionado, algunos incluso llegan al punto del suicidio porque el otro les ha abandonado o engañado: precisamente, la dependencia patológica absoluta del otro, esto es alienación y, por consiguiente, la aniquilación de la propia personalidad. La persona madura reflexiona y se dice: mi me dejo es porque sta mejor con otra persona y esa persona me ha librado de estar con alguièn que no me conviene, no he perdido nada, he ganado mucho si una persona que no merezco me deja.

NO REDUCIR LA FIDELIDAD SOLO AL SEXO
Para la mayoría de las personas, la infidelidad es simplemente una cuestión de sexo, de engaño, cuernos y, por lo tanto, genital. Sin embargo, eso es solo la gota que colma el vaso, porque cuando una persona busca sexo fuera de la pareja, suele estar motivada por necesidades que a menudo no son solo sexuales. Por ejemplo, busca comprensión, busca un diálogo que no existe en casa, busca a alguien que la valore como persona, busca un abrazo, una sonrisa que luego conduce al sexo, pero a menudo, en el fondo, subyace una infidelidad mayor: la del ALMA. He conocido a muchas parejas que son sexualmente fieles, pero en el alma son infieles. No hay confianza, ni complicidad, ni diálogo, ni verdadera intimidad. Esto convierte su fidelidad sexual en una armadura que los petrifica aún más.

Los hombres y las mujeres engañan de manera diferente.
La gente suele ser infiel por motivos triviales: por la novedad, para saborear la emoción del riesgo (sin intención de amar) o para seguir creyendo en sí mismos, en que son atractivos y deseados. Sin embargo, una cosa es segura: cuando una mujer es infiel, su corazón es lo primero (por eso se enamora fácilmente y pierde la cabeza), mientras que cuando un hombre es infiel, su pene es lo primero (por eso una aventura no tiene el impacto catastrófico que tiene en una mujer). Muchas mujeres no entienden que para un hombre una aventura no es importante, mientras que muchos hombres no entienden que cuando una mujer tiene una aventura es porque busca reafirmar su autoestima.


NO ERES EL ÚNICO, SOLO DIOS ES EL ÚNICO
Es "normal" que en una sociedad donde nos han enseñado que tu pareja es un Dios, es decir, el Único, y luego nos han inducido a entregarnos sin límites, por lo tanto dependientes (porque en algunos casos el amor falso es como una droga, crea adicción: sin ti siento que me muero) entonces es naturalmente imposible dejar que la persona que amas comparta pasiones con otros con la misma naturalidad con la que comparten pensamientos... el amor puede ser EXCLUSIVO pero el sexo no, el sexo es INCLUSIVO, es decir, está abierto a otros (es biológico, no puedes evitar sentir admiración por el cuerpo o el placer o la atracción de otro, es instinto natural aunque lo neguemos por tradicion moral), pero nunca puedes poseer la libertad de una persona, nadie pertenece a nadie más que a sí mismo, mientras dure la ilusión de que él o ella es tuyo (como si fuera un objeto) entonces el amor perdura, mientras él o ella te haga sentir que él o ella es el único (el único Dios) entonces eres una persona DEVOTA. Si luego decides ser un dios para el otro o descubres que el otro lo es todo para ti, y por lo tanto divino, eso es un asunto muy distinto. Por lo tanto, la fidelidad es un DESCUBRIMIENTO, un regalo total y definitivo, no una PETICIÓN inicial y condicionante. Así pues, es forzada y, por consiguiente, a menudo antinatural, y no funciona a largo plazo. Por otro lado, te darás cuenta de que ser el Uno, y por lo tanto semejante a Dios, requiere una gran personalidad, una gran capacidad de autocrítica, humildad, espiritualidad y madurez. Dicho esto, podemos comprender que la fidelidad es para unos pocos; el matrimonio debería ser la excepción, no la regla o norma ni una costumbre generalizada. El desastre y la insatisfacción de las parejas nos lo demuestran.


¿SER FIEL A LA INFIDELIDAD?
Al menos en nuestros pensamientos, todos engañamos tarde o temprano, y quienes lo niegan vuelven a engañarse a si mismos... Entonces, cuando engañas, dejas de ser tú mismo, y cuando no somos nosotros mismos, nunca podemos ser fieles, porque fiel es alguien transparente, para bien o para mal, en la salud y en la enfermedad, en la fidelidad y en la infidelidad (esta última frase fue abolida de la liturgia del rito matrimonial católico). Muchas parejas creen que no engañan porque no se engañan entre sí, pero ¿y luego? Y luego no se respetan, ocultan deseos, fantasías y pensamientos, sueñan secretamente con otras emociones, ven pornografía y chatean con parejas virtuales con quienes desahogan toda clase de represión, y luego dicen que son fieles. Todo es hipocresía: fieles en apariencia pero infieles en alma y corazón. Nuestra fidelidad debería ser de alma y de pensamiento, no de genitales, que a la larga importan poco. De hecho, cuando uno no es fiel de espíritu, surge el deseo de ser infiel de cuerpo. Esto es infidelidad: no conocer el alma del otro en lugar de proteger sus genitales. Por lo tanto, vivimos en una sociedad sexofóbica para la cual la infidelidad es solo una cuestión de sexo, de cuerpo, precisamente porque han descuidado, olvidado y marginado las almas de las personas.


HIPÓCRITAS FIELES
¿Por qué no aceptamos que todos engañamos, al menos en pensamiento? ¿Por qué ocultamos las miradas a los transeúntes cuando salimos con nuestra pareja? ¿Por qué no aceptamos que de vez en cuando, NO POR AMOR, sino por simple curiosidad, un deseo de novedad, la pasión por saborear un cuerpo diferente, un olor diferente, un beso diferente, sentimos el impulso de estar con alguien más, aunque solo sea en un sueño? Solo por diversión, como en un sueño, sin compromiso... esto no es perversión sino parte del instinto animal primitivo que está en nuestra esencia humana; es una transgresión, algo muy diferente... la mayoría de la gente lo vive en secreto, pero pobre de aquel que lo revele o descubra que su pareja lo experimenta o lo siente de la misma manera que nosotros, todo en tácito acuerdo, pero sabemos que es verdad... ¿por qué tanta hipocresía entonces? Si no somos fieles a nosotros mismos, ¿por qué pretendemos ser fieles a los demás? Si usamos nuestra intuición, sabemos que es verdad; El instinto siempre nos traiciona si no somos honestos con nosotros mismos. No tiene sentido ir en contra de nuestra naturaleza. Aceptar que esta tendencia existe en nosotros es ser sinceros y fieles a nosotros mismos; no ocultársela a nuestra pareja es señal de gran fidelidad.


FIEL DE ALMA, INFIEL DE CUERPO
La verdadera fidelidad, según lo dicho hasta ahora, reside en el alma, en los sentimientos, en los pensamientos. Obviamente, cuando esto está presente, es normal que también surja la fidelidad física y sexual, de modo que la persona amada sea más que suficiente. Pero, lamentablemente, no todos alcanzan este objetivo, es solo para personas con una plenitud en si mismas, porque la fidelidad es una cuestión de alma no de cuerpo. El verdadero fiel es una persona por lo tanto alegre y positiva (los fieles amargados y tristes indican cuanto se han traicionado en si mismos solo con las represiones y la violencia que ellos llaman ascetismo virtuoso para auto convencerse que están en la via correcta). A veces la plenitud es un espejismo que muchos quieren alcanzar a través de traiciones, escapadas y diversas aventuras que corren el riesgo de destrozar el alma y perder el corazón. En el amor, como en la naturaleza, todo está en constante cambio. ¡Ay de los años de emociones estancadas, falta de afecto, falta de caricias y besos! Tarde o temprano, el abismo de la pasión reclamará su parte. Una infidelidad puede despertarte de tu letargo y hacerte dar cuenta de cuánto has descuidado a tu pareja y cuánto vale, o hacerte perder el rumbo y cambiar de pareja. La traición siempre es una sorpresa. Pero una cosa es segura: si no hay atención ni cuidado interior para el alma, el cuerpo tenderá a traicionarnos, incitándonos a caer en el maravilloso abismo de enamorarnos de un nuevo amante.


El amor, como la fidelidad, es dinámico.
Cuidado: debemos seducir a nuestra pareja cada día, reconquistarla, pero para ello debemos sentirnos atraídos, así que solo si hay un crecimiento continuo en nosotros somos fascinantes. Muchos conciben la fidelidad como algo estático, y nada más lejos de la realidad. Todo cambia, y si no cambia, los sentimientos y las emociones se estancan y acaban apestando, se enmohecen y mueren. A menudo, las parejas que tienen una relación puramente física y no espiritual acaban aburriéndose. Esto es lo que han olvidado:
- Divertirse juntos, tener un hobby en común.
- Cuidarse, física y mentalmente.
- Mantener un espacio propio para los dos, donde puedan hablar, un espacio donde nadie más entre, ni niños, ni amigos, ni trabajo... nada.
- Permitir que la otra persona tenga su propio espacio, protegerla, nunca invadirlo, ni siquiera con preguntas o peticiones.
- Enriquecer su vida sexual: el placer compartido es uno de los factores más importantes. Jueguen, pongan a prueba sus habilidades y asuman los roles de otras personas como si fueran amantes. Dejen espacio para la fantasía y la complicidad.
Busquen la exploración interior, espiritual y psicológica... es el único salvavidas que revitaliza el amor a lo largo de los años.

El hombre engaña primero con su cuerpo, la mujer con su corazón.
Sin querer generalizar (para no meter a todos en el mismo saco), podemos evaluar esta tendencia en términos generales, por lo que siempre damos espacio a les excepciones que confirman las reglas:
los hombres producen testosterona y necesitan relaciones sexuales frecuentes; las mujeres, en cambio, tienen una baja producción de testosterona y, tras la emocionante fase inicial de una relación, se asientan fácilmente.
Además, las mujeres necesitan cercanía física, gestos afectuosos y complicidad para disfrutar del sexo; si hay malentendidos y resentimientos, pierden el deseo sexual. Los hombres, por otro lado, son diferentes; el sexo los calma y suaviza las cosas, mientras que las mujeres necesitan primero esa calma y seguridad en sí mismas para entregarse al sexo con mayor confianza. Por eso, en casos de infidelidad, los hombres a menudo solo buscan sexo; engañan físicamente; para ellos, enamorarse puede llegar después. Cuando las mujeres engañan, es porque tienen un pie fuera de sí mismas o buscan seguridad en sí mismas. Él solo pone lo que hay entre sus piernas en la atracción inicial, mientras que la mujer también pone todo su corazón y alma. Por eso, a menudo ella se enamora primero, lo que lleva a cometer errores. Mientras ella ya ve un sentimiento (con anillo incluido), el hombre aún está en el limbo de las emociones, sin compromiso ni nada parecido. Ella lo acusa de engañarla y usarla, mientras que él cree que ella está haciendo lo mismo, èl cree que ella corre demasiado y lo està empujando en el empeño ... como puedes ver, es una cuestión de perspectivas diferentes, porque hombres y mujeres tienen enfoques muy distintos sobre la infidelidad según mi enfoque de relacionarse.

AMAMOS COMO VIVIMOS, DÍA A DÍA.
En el amor, como en la fe, como en el trabajo, somos precarios, vivimos día a día, porque el amor es como el pan, se come fresco, día a día... la pareja funcional (solo tú y yo para siempre) es efímera; cuando se rompe la ilusión de enamorarse, la sexualidad corre el riesgo de desvanecerse y morir, el sexo por sí solo no puede sostener la profundidad de una relación. Solo una pareja madura, compuesta por dos personas independientes y autónomas, capaces de comunicarse, puede experimentar una sexualidad plena y completa. Pero es esencial abandonar el mundo de las relaciones infantiles y madurar. El filósofo Spinoza sostenía: «Disfruto viéndote vivir, independientemente de lo que decidas. Me alegra que seas independiente, ojalá mis deseos y los tuyos pudieran encontrarse». Esta es la premisa del deseo duradero.

Antes de serle fiel a su pareja,
las hormonas de un hombre lo traicionan.
Lidiar con la fidelidad emocional es muy difícil para los hombres. ¿Por qué? Veamos: el 87% de los hombres entrevistados por el Dr. Brenot dijeron que se masturban incluso teniendo pareja, y más del 10% lo hacen dos o tres veces al día. Para los hombres, la masturbación es un acto sexual frecuente porque el orgasmo produce un estado de relajación y alivio del estrés; es un ansiolítico y un tranquilizante. Los hombres producen testosterona y necesitan relaciones sexuales frecuentes, e incluso si están casados ​​o tienen pareja, el 57% de los hombres temen no satisfacer a su pareja en la cama, y ​​cuando ella comienza a distanciarse repetidamente, su necesidad de sentirse masculinos los lleva a ser infieles. Cuanto menos sexo tienen en casa, más lo buscan fuera. Las erecciones son el núcleo de la identidad masculina, y si son raras, insatisfactorias o breves, los hombres literalmente sienten que se están muriendo. Incluso la presencia de hijos, aunque deseada y amada por encima de todo, se considera un obstáculo para la sexualidad. Por ello, para evitar renunciar a la familia o al erotismo, suelen recurrir a la pornografía y la infidelidad. Un hombre en una relación, por lo tanto, suele buscar sexo —es decir, autoafirmación— en la infidelidad, no tanto amor. Una mujer, en cambio, experimenta lo opuesto.

LEALTAD EN UN MUNDO CAMBIANTE
En un mundo que cambia rápidamente, donde todo tiene fecha de caducidad —incluso las relaciones se han impregnado de esta práctica de máxima frivolidad—, un mundo inestable, con ideologías en constante evolución, las personas también son emocionalmente inestables, temerosas, poco confiables, temerosas de la rutina sentimental y ven las relaciones a largo plazo como una promesa de fidelidad que son incapaces de cumplir. Son curiosas, exploradoras, pero incapaces de comprometerse. Viven solo el momento, mientras dura. La fidelidad requiere seriedad, constancia, profundidad, dedicación... todos valores y cualidades que se están perdiendo hoy.


FIDELIDAD EMOCIONAL VERSUS INFIDELIDAD FÍSICA.
La fidelidad es una cuestión del corazón, del alma, mientras que físicamente, los humanos no somos monógamos, sino polígamos por naturaleza. Por instinto animal, nos sentimos atraídos por muchas personas y, al mismo tiempo, atraemos a muchas otras. Tenemos la tendencia a mudarnos y a cambiar (de ciudades, ropa, comida, cultura, emociones). Está en nuestra esencia. La monogamia fue creada por la religión MONOTÉISTA (un Dios = un ser querido o cónyuge). Luego, la fidelidad monógama (como la virginidad para las mujeres) fue creada por el patriarcado, porque los hombres no querían criar a los hijos de otros, preservando así su propia descendencia (por eso, si la mujer no era virgen, no valía nada, pero un hombre virgen era un tonto). ¿Cuántas personas nunca se han sentido emocionalmente fieles a su pareja, pero aun así la han amado, y sin embargo han tenido una aventura sin sentido? La fidelidad física es importante para quienes son emocionalmente fieles, pero si no hay fidelidad emocional y solo se es fiel físicamente, se trata de una fidelidad estéril. Digamos que la mente es polígama, porque comprende el condicionamiento histórico, social, político y religioso que nos ha llevado a experimentar el amor dentro de la estructura del hogar y la iglesia. Mientras que en nuestra imaginación todos engañamos, todos imaginamos diversos tipos de relaciones, el corazón es monógamo, porque desea la estabilidad de una sola pareja, comprende la exclusividad de un solo amor e inevitablemente se apega más a uno que a otro. Por lo tanto, todos sufrimos este conflicto, este dilema casi esquizofrénico, estas tendencias opuestas. La mayoría lo sufre en silencio y lo desahoga en secreto (así son las prostitutas, el amante en el trabajo, las horas perdidas después de medianoche frente a la computadora viendo pornografía, etc.), y pocos lo discuten abiertamente con su pareja y encuentran complicidad y comprensión.

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